¿POR QUÉ IT GETS BETTER COLOMBIA?


Es innegable que la situación de la población LGBTI en Colombia ha mejorado de manera significativa en las últimas décadas. Hasta 1980, tener una identidad sexual diversa en nuestro país era considerado un delito, lo cual justificaba la exclusión de la población LGBTI tanto en el ámbito público como privado. Desde luego, esto suponía un cercenamiento total del derecho al libre desarrollo de la personalidad; era imposible expresar abierta e íntegramente una identidad sexual diversa en un país en el que la ley imponía la heterosexualidad como norma.


Treinta y seis años después nos enfrentamos a otro panorama. El pasado 28 de abril la Corte Constitucional dio un sí definitivo al matrimonio entre parejas del mismo sexo. Miles de personas abiertamente LGBTI –y orgullosas de serlo– llenaron la Plaza de Bolívar para celebrar lo que hasta hace unas décadas resultaba impensable. A lo anterior se suma la labor actual del gobierno para poner en marcha una política pública LGBTI a nivel nacional tras el éxito que ha representado su implementación en Bogotá. Sin duda, esto habla de un país que poco a poco deja de ser indiferente hacia un sector de la población cuyos derechos han sido vulnerados históricamente. El paso de la criminalidad al reconocimiento de ciertos derechos ha sido un arduo proceso impulsado por activistas comprometidos con generar dinámicas socioculturales de apertura a la diversidad.


Sin embargo, que se haya ganado cierto terreno en Colombia en materia de reconocimiento legal no quiere decir que ser lesbiana, gay, bisexual o transgénero esté exento de dificultades. Aún hoy, vivir en nuestro país y expresar una identidad sexual diversa tiene un precio social muy alto. Tristemente, todavía son comunes casos como el de Sergio Urrego quien, a razón de su orientación sexual, fue acorralado por las directivas de su colegio hasta el punto en que vio el suicidio como su única salida. Lo cierto es que muchos de estos casos de suicidio son motivados, en gran medida, por prácticas de discriminación diaria, por formas de violencia muchas veces casi intangibles como lo son los chistes homofóbicos o el uso aparentemente inofensivo de calificativos o expresiones cargadas de prejuicios, aún muy comunes en nuestra sociedad.


Las personas LGBTI nos enfrentamos entonces al reto de continuar la lucha por nuestros derechos sin caer en la trampa de pensar ingenuamente que ciertos reconocimientos significan la tranquilidad para la totalidad de una población tan diversa como la nuestra. Tomando el terreno ganado y con lo mucho que aún falta, IT GETS BETTER centra sus esfuerzos a nivel mundial en inspirar a aquellos que por su identidad sexual o de género son víctimas de abusos y matoneo.


En particular, nuestra filial de IT GETS BETTER en Colombia quiere transmitir que las posibilidades de mejora son tangibles y se construyen al compartir nuestras historias de fortaleza, nuestras pequeñas y grandes victorias cotidianas sobre la discriminación que a veces en la soledad puede resultar tan abrumadora. Al afirmar que todo mejora no estamos lanzando una frase al vacío; no estamos queriendo indicar que las cosas mejoran porque sí, porque el universo conspira para que así sea. “Todo mejora” es para nosotros una frase con la cual nos comprometemos a crear espacios concretos para que, en efecto, la realidad de la población LGBTI en Colombia se transforme.


Para IT GETS BETTER Colombia, ese compromiso se traduce no sólo en compartir historias por medio de videos con mensajes de aliento, sino en crear estrategias educativas y psicológicas que afiancen la mejora. Por un lado, es preciso abordar la falta de educación, pues la repulsión y violencia hacia la diversidad sexual se alimenta de la ignorancia y de la repetición sistemática e irreflexiva de prejuicios sin fundamentos claros. Por otro lado, la discriminación que aún existe tiene efectos en particular sobre la salud mental de los jóvenes. Lejos de ser inherentes a la población LGBTI, la depresión y la ansiedad son, en una gran mayoría de casos, el resultado de una sociedad que intenta imponer cánones de normalización de la heternormatividad.

Esta doble apuesta es entonces un intento por brindar un acompañamiento a aquellos que han sido afectados por un entorno que oprime a quienes no encajan dentro de lo que se considera la norma. Pero además, y sobre todo, es una apuesta por brindar una educación a las nuevas generaciones que tenga como base el respeto, la celebración de nuestras diferencias y la defensa de la libertad y el derecho que tenemos todos para ser quienes somos.




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